La Ciudad Vieja de Jerusalén el domingo 8 de octubre. Hamás lanzó el sábado a Israel miles de cohetes en un raro ataque sorpresa que fue respondido con ataques aéreos masivos contra Gaza y medidas punitivas.

La Ciudad Vieja de Jerusalén el domingo 8 de octubre. Hamás lanzó el sábado a Israel miles de cohetes en un raro ataque sorpresa que fue respondido con ataques aéreos masivos contra Gaza y medidas punitivas.

Xinhua/Sipa USA

Si hay algo que deberíamos tener claro, aun cuando el frente entre rusos y ucranianos sigue vivo, es que en las guerras siempre pierden todos. Más allá de cómo terminen las historias, y que al final haya un bando de vencedores y otro de vencidos, la verdad es que nunca hay un triunfador.

Parece increíble que, a estas alturas de la vida, cuando se supone que somos ciudadanos más civilizados, en teoría, sigamos queriendo resolver conflictos, y más aún de índole religiosa, con bombardeos y asedios a civiles inocentes.

Si bien ha sido el pueblo israelí quien ha recibido el ataque en esta ocasión, no es justo acusar y perseguir a ciudadanos palestinos, que son tan inocentes en este juego de ajedrez como las vidas de los jóvenes que fueron asesinados y secuestrados en aquella celebración o de las víctimas de los bombardeos sufridos ese mismo día en la frontera con Gaza.

Ninguna lucha justifica el asesinato de civiles, sea cual fuere su religión o postura política, y acusar a unos por otros no nos hace un favor como humanidad. He tenido la fortuna de trabajar y convivir con palestinos e israelíes, o con personas con familiares en ambas naciones, y sé muy bien de la bondad que habita en los corazones de ambos pueblos.

No nos dejemos engañar: un grupo terrorista no representa ni será emblema de ninguna comunidad. Secuestrar y asesinar a mansalva sólo es el comportamiento de individuos que no saben convivir con el mundo que les rodea, y señalar a quienes comparten etnicidad con estas personas no ayuda en nada a las víctimas de todo este caos.

Mi corazón, lleno en estos momentos de dolor, se une a la pena de ambas naciones, porque Hamás no puede representar a nadie, sólo a sus propios intereses políticos y mezquinos. Esperemos que con el devenir de los días se detenga esta locura, porque, aunque ya no se pueda devolver la vida a las víctimas, al menos debemos anhelar y luchar para que la justicia internacional siente ante un tribunal a los grandes responsables de esta masacre.

Yo creo en un Dios que es amor, que es misericordia infinita, que es el obrador de milagros y que, con paciencia, está allí para escucharnos y amarnos incondicionalmente, que no juzga ni es intolerante.

En Él confío; una vez más, que se haga el milagro.

Empresario y emprendedor social. Autor de ocho bestsellers en temas de liderazgo, emprendimiento y desarrollo personal, incluyendo “El poder de escuchar” y “Despierta con Cala”. Es presidente y fundador de Cala Enterprises Corporation y de la Fundación Ismael Cala. Twitter: @cala. Instagram: ismaelcala. Facebook: Ismael Cala. www.IsmaelCala.com.